
Cuando me quieren vender ideas, conceptos, intangibilidades, me detengo y lo escucho, porque sé que existen, que viven, que revolotean en el aire, y vuelan con supremacía y libertad.
Conceptos e ideas, espíritus como el amor, la paz, la felicidad... nos visitan de momento, así como las aves que de momento se estacionan en nuestra ventana, están por un instante y luego se van, nos cantan y nos acarician, y luego se van...
Vuelvo al ruedo de unas letras, cuando dicen: Al final siempre quedará el vacío.
Aprendí que esas dulzuras conceptuales relacionadas con la felicidad, se viven y se disfrutan siempre por momentos, y que lo que queda (si algo) es el recuerdo, - lo que Isabel Allende llama memorias -, porque se trae a la memoria los momentos dichosos, de la manera mas sublime y única que una quiera recordar.
Así es saludable vivir, sabiendo que la felicidad vuela, revolotea soberana y libre, y que a veces nos regala instantes...
Y los vacíos, quizás sean faltas de presencias e instantes, entonces allí... en ese momento, se saca al parque, el recreo de la memoria... para que llene el vacío, ese vacío que siempre está a nuestro lado y que nunca nos dejará solos, que a veces no se llena con nada ni nadie, y al que ya acompaño con humildad, sabiendo que el vacío es parte digna de todos los humanos, que todos hemos sido creados para sentir vacíos y vivir en soledades.
Aceptar que es parte digna y humana el vacío, es aceptar y recibir la calma, la paz...
es parte de la vida, es algo natural.
Palabras inspiradas en un poema de Toro Salvaje: "Al final siempre quedará el vacío" AL FINAL.